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El óxido de titanio (TiO₂) se utiliza principalmente como opacificante en esmaltes, generando acabados más blancos y densos a un costo menor que el óxido de estaño, además de favorecer la formación de cristales y efectos moteados en alta temperatura que pueden dar tonalidades amarillas o cremosas; en exceso produce superficies mates o satinadas, y también aporta mayor dureza, resistencia química y estabilidad térmica al esmalte, mejorando tanto la estética como la durabilidad de las piezas cerámicas.