La ceniza de hueso se utiliza en cerámica principalmente como fundente y fuente de calcio y fósforo. Se obtiene al calcinar huesos limpios a alta temperatura (entre 900 °C y 1000 °C) hasta eliminar toda la materia orgánica, quedando una ceniza rica en fosfato tricálcico (Ca₃(PO₄)₂). En esmaltes, esta ceniza aporta transparencia, suavidad y brillo, además de mejorar la adhesión entre el esmalte y la pasta. Se usa en proporciones variables (5 % a 50 %) según el efecto buscado: en bajas dosis suaviza y aclara tonos, mientras que en mayores cantidades puede generar efectos opalescentes o lechosos. También es clave en los esmaltes tipo “bone china”, donde confiere blancura, resistencia y una textura sedosa característica.
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